| rafael's profileEl cuaderno de BandiniPhotosBlogLists | Help |
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El cuaderno de BandiniIntentaré actualizarlo los fines de semana... September 20 Mudanza a http://www.universoweb.com Me he mudado a http://www.universoweb.com, un espacio libre donde puedo hablar de lo que quiera y subir las imágenes que considere oportunas sin riesgo de censura o bloqueo. Un usuario menos aquí, señores de Microsoft. Sean buenos. March 17 Un año de amorAunque tu querías un anillo de diamantes, hoy sólo puedo regalarte el diamante que Freddie Mercury escondía en su garganta. Que sea el primero de muchos.
Un año de amor - Queen
December 06 Las reinas de la edad de piedra quieren hacerlo con nosotros en FebreroLa mejor canción del año (discutible en fechas, que no en calidad) en el mejor disco del año. Los QOTSA en Febrero en la Riviera. Allí estaremos y nos encontraremos algo como esto, aunque sin P.J, para desgracia de los presentes
August 27 Estambul (y II), según Orhan PamukMi Estambul secretoEl escritor turco y premio Nobel de Literatura regresa, asomado desde su ventana, a las tiendas donde compraba chicles y cómics cuando era niño. Aromas de la vieja ciudad y de la nueva. Del bullicio permanente, el caos de sus comercios o la transformación de sus plazas. ¿Dónde reside el misterio de esta megalópolis legendaria?ORHAN PAMUK 23/08/2007 Nací en Estambul. Exceptuando los tres años que pasé en la ciudad de Nueva York, no he vivido en ningún otro lugar. A mis 53 años, estoy viviendo de nuevo en los apartamentos Pamuk que mis abuelos construyeron para nuestra gran familia cuando yo era niño. En las tardes de verano, cuando me asomo a la ventana y miro entre el balanceo de las ramas de los viejos plátanos que bordean la avenida Tesvikiye, puedo ver las luces de Aladdin, la tienda donde mi padre compraba sus cigarrillos y los periódicos y donde yo iba a por chocolate, chicles, pistolas de agua, relojes de plástico y a por el último ejemplar del cómic Tom Mix. Cuando era niño, Estambul era una tranquila ciudad de provincias con una población de un millón de habitantes; medio siglo después es una metrópoli 10 veces mayor, rodeada de barrios desconocidos y distantes en los que nunca he estado y cuyos nombres sólo conozco por los periódicos. Cuando me asomo a la ventana, me cuesta aceptar que estas poblaciones de la periferia son una parte de mi ciudad. Ni siquiera en mis sueños habría esperado que las calles de mi niñez fueran tan bulliciosas como lo son hoy. Pero cuando uno está tan unido a una ciudad como yo lo estoy a Estambul, acabas por aceptar su destino como el tuyo propio; llegas a verla casi como una extensión de tu propio cuerpo, de tu propia alma. Así que cuando ante mis ojos veo el cambio de las calles, de las tiendas y de las plazas -y durante las últimas décadas he visto los cines, las librerías y las jugueterías más importantes de mi niñez cerrar sus puertas-, reacciono igual que cuando veo a mi propio cuerpo envejecer. Tras el estupor inicial, me resigno ante mi nuevo aspecto. ¿Puede una ciudad tener alma? Si la tiene, ¿de qué está hecha? El alma de una ciudad, ¿se forma por su tamaño, su cultura y su historia, o nace de la imagen que sus calles y sus edificios imprimen en nuestras mentes? Más aún, el alma de una ciudad ¿depende de lo bulliciosa que es o de lo vacía que está? ¿De la bruma o del calor? ¿Está en el río que la cruza o -como en el caso de Estambul- en el mar que la divide en dos? ¿Dónde sentimos su alma con más intensidad? ¿Cuando la vemos desde lo alto de una colina? ¿Cuando pasamos por un paso subterráneo? ¿Cuando nuestros oídos escuchan el alboroto de la ciudad? ¿Cuando nos pica la nariz por su aire húmedo y sucio? Quizá cuando todos estamos acostados oyendo cómo la ciudad duerme como un viejo animal cansado y escuchamos el sonido de la sirena de niebla en el Bósforo. En mi opinión, el alma de una ciudad cambia cuando la ciudad cambia. El Estambul nuevo y opulento de hoy no es la ciudad melancólica que conocí de niño. Pero incluso hoy me habla de soledad. En las tardes de verano, el alma de la ciudad está en sus anticuados autobuses que circulan con dificultad entre nubes de polvo, humo y contaminación mientras llevan a los sudorosos pasajeros a sus casas; está en la nube de niebla que cubre la ciudad y que, al atardecer, se torna entre naranja y púrpura, y en la luz azul que sale de millones de ventanas cuando, casi al mismo tiempo, la ciudad enciende sus televisiones -y justo en el mismo instante en que las mujeres de toda la ciudad fríen berenjenas para la cena-. A mediodía, en los tranquilos y fríos días de otoño, cuando la ciudad está en plena actividad, el alma de la ciudad reside en un solitario y ocupado hombre que pesca mientras su viejo barquito se balancea sobre la estela de los transbordadores y de los grandes cargueros que circulan por el Bósforo. Todos los habitantes de Estambul son de fuera y, por tanto, todos están solos. En 1453, cuando llegaron los turcos -o mejor dicho, los otomanos, ya que había cristianos en su Ejército-, se encontraron con una ciudad que les esperaba. Y, por definición, eran, por tanto, recién llegados. Durante su reinado de 500 años, llegaron otomanos procedentes de los más diversos países y culturas; por tanto, también ellos eran de fuera. Cuando una ciudad pasa de una población de un millón a diez millones en un periodo de 50 años, las nueve décimas partes de sus habitantes tienen que contarse también como foráneos. Por eso, cada vez que entablo una conversación con alguien en la calle, en un autobús o en uno de los taxis compartidos, conocidos como dolmu, la primera pregunta que me hacen, después de quejarnos del tiempo, es de dónde soy. Si admito, un tanto avergonzado, que soy de Estambul, me preguntan con cierta sospecha sobre el padre de mi padre y sobre los parientes de mi madre. El gran secreto de Estambul es que incluso los que vivimos aquí no la entendemos, y no la entendemos porque desafía cualquier clasificación. Pasear por sus bulliciosas calles es sentir la historia bajo nuestros pies, pero incluso cuando recordamos que antes de nosotros estuvieron otras grandes civilizaciones, también nos damos cuenta de que no nos pertenecen. Esto es lo que le da a la ciudad ese aire extranjero. Podría incluso decir que su alma reside en su rechazo a ser clasificada o comprendida racionalmente. En efecto, ésta es la conclusión que saqué de la Enciclopedia de Estambul, el singular y heroico proyecto del conocido historiador Resat Ekrem Koçu, que empezó a escribir en los cincuenta y que dejó inacabada porque no pasó de la letra H. Lejos de aportar datos claros sobre la ciudad, el autor añadió confusión al escribir sobre sus pasiones secretas y las "excentricidades" de Estambul, a lo que añadió un entrañable y extenso relato sobre sus compañeros de borracheras favoritos. Desde mi niñez, las tiendas antiguas de la ciudad me han parecido el ejemplo más elocuente de este desorden. Cuando estoy en una parfumerie -si prefiere, llamémosla farmacia- y miro a mi alrededor, al surtido de botellas de colores, de cajas y de tarros, me parece que el alma de la ciudad no sólo surge de su historia, sino de la suma de las pasiones y sueños de todos los que alguna vez han vivido aquí. Igual que las tiendas de Beyoglu -aparentemente turcas, pero griegas y armenias en el fondo- a las que iba con mi madre cuando era pequeño y que me recuerdan a todas esas antiguas culturas que han ido formando la nuestra y cuán desconocida e increíblemente rica ha sido su influencia. En Estambul, cada objeto guarda su propia historia secreta. © Traducción de Virginia Solans. July 28 Respirar es facil. Viva los 90Esta música sonaba por todas partes durante mi primer viaje a Londres. ¿Qué habrá sido de Tara Newley?
May 27 Memoria de EstambulSi hay algún lugar del mundo en el que el tiempo y el espacio se confunden hasta parecer una única cosa, ese debe ser Estambul. Lo valioso en el hecho de viajar llega cuando descubres que, tiempo después de haber concluido el trayecto, algo en tí de aquello sigue latiendo a la vez que lo percibes interrumpido, expectante acaso ante la idea del retorno. Viajar es volver a donde nunca se estuvo, y aunque algo dentro de nosotros niegue esa certeza, en algunos lugares, en raras ocasiones, nuestra alma late como si formara parte de ellos, y parte del cerebro reclama el derecho a fabricar imposibles sucesiones de recuerdos que no pueden ser.
Pasar cinco días en Estambul y sostenerse en el deseo de intentar abarcarla es una quimera de imposible factura. Lo primero que Estambul sacude ante los atónitos ojos del visitante es la majestuosidad de sus dimensiones: es una ciudad recostada a orillas de un mar, y con el perezoso ademán que las cosas grandes aplican a sus acciones, se empeña en darle cobijo y guarecerlo. Llegan los barcos cargados de petroleo y penetran el Bósforo como esperma desde el Mar Negro, avanzando majestuosos y decididos hacia su destino, cortando en dos la lengua de agua mientras las mezquitas a los márgenes del Helesponto recuerdan metódicamente el día en el que Mehmet II rasgó la muralla de Constantinopla gracias al cañón de Urban convirtiendo en cenizas un imperio milenario. El addhan de los muecines se extiende a lo largo los 40 kilometros de lengua de mar y en él se advierte una cadencia estremecedora que sacude al oyente, sea o no musulmán; algo se revela que mueve al infiel al silencio respetuoso, la ciudad mira al cielo y se postra agradecida: un día más le ha sido concedido.
Si uno ha hecho los deberes y ha leído antes de ir un poco de Runciman, o Estambul, el poema-memoria de Pamuk a la ciudad que tanto le debe y a la que tanto él ha de agradecer, es sorprendente como todo aquello que ha sido contado sucede ante los ojos de uno: la piedra violada de la defensa romana, la oración multiplicada de la ciudad desde Cihangir mientras la niebla rebasa el perimetro del cuerno de oro, las espectrales mansiones otomanas del XIX a orillas del Bósforo, restos de un naufragio eterno. Sólo hay que abrir bien los ojos y no perderse nada; y por más que pueda parecer que Estambul yace herida de muerte como el cadaver sucio y decrépito de un joven antes hermoso y saludable, transitar sus arterias -Istiklal, Taksim, Beyoglu entero-, comer en sus restaurantes -y aquí recuerdo el local griego regentado por un anciano patriarca huraño que sometía a los camareros locales y lanzaba guiños a las turistas cortas de ropa mientras contaba sin parar billetes de 100 liras-, adentrarse en las discotecas levantadas en pisos destartalados, llenas de jovenes que bailan con furia las canciones de los White Stripes y los locales Duman, convierte a Estambul en un gigante dormido, en una probeta donde lo viejo y lo nuevo caminan sin apenas rozarse, temerosos el uno del otro. Es divertido el modo en el que Sarkozy niega el derecho turco a ser Europa. Es posible que Estambul y Turquía entera no sean ya Europa. Lo fueron un tiempo, pero ahora son algo diferente, algo a medio camino entre la vida y la ausencia de ella, un limbo de sensaciones. Caminando cerca de los bares de Narghile encontramos a un curioso individuo de apariencia occidental, parecido a Paul Auster, que empujaba un carro grande triangular que soportaba en su vértice dos pequeñas banderas de Canada y Turquía; movido por la curiosidad y estimulado por la borrachera de tábaco de frutas, me acerqué a él y le pregunté si lo que decía en el cartel que acompañaba a ambas banderas era cierto, algo así como "Jean Beliveau, caminando desde Canada por todo el mundo a favor de los derechos de los niños". El Quebecois se mostró abierto y generoso, feliz de hacer lo que estaba haciendo, y me habló de su viaje de siete años, de cómo su mujer y sus hijos respetaban su decisión de hacer camino y de cómo decidió echarse al monte después de llevar una vacía vida occidental como limpiador de cristales, de lo grande que era Estambul y de que ninguna ciudad le había llevado tres días para atravesarla. Esta es su web, y este mi pequeño homenaje al peregrino canadiense, una de esas personas revestidas de un halo majestuoso, tan dificil de encontrar
Caminando de madrugada hacia la explanada que acoge las principales mezquitas (Haya Sofía y la prodigiosa Mezquita Azul) una manada de perros callejeros acuden excitados a nuestro encuentro; primero dos, luego tres, y más a medida que caminamos, no atacan, ni siquiera se permiten el lujo de parecer violentos; corretean juguetones a nuestro alrededor, se lanzan hacia los taxis que vienen y trotan a su lado mientras ladran, volviendo después mansos a nuestro alrededor. Nos escoltan en nuestro trayecto y cuando llegamos a nuestro destino -el lugar donde la catedral vestida de mezquita y la mezquita, Occidente y Oriente, se miran y desafían ajenas a todo, hasta a sí mismas-, desaparecen. Y en mi recuerdo, este momento mágico se transforma en metáfora: Estambul, la vieja mole perezosa, no es mas que un perro abandonado que suplica algo de cariño. Estambul, y por eso la sentimos tan cercana, es como todos nosotros. Ayer (y en parte mi entrada se debe a ello) pude ver la segunda película de Fatih Akin, "Cruzando el puente, los sonidos de Estambul", y en ella, el magnífico director turco recorre de la mano del bajista de los Neubaten Alexander Hacke la amalgama de músicas que sacuden la ciudad. Absolutamente recomendable de principio a fín, pego aquí el video de su última canción, Cecom, cantada en turco por la canadiense MacCrimmon y los Baba Zula a bordo de una barcaza iluminada sobre el Bósforo, entre Eminonu y Pera, a la vista del puente y la torre de Galata, el bastión genovés, deslizándose sobre el agua mientras amanece. Todo en esta canción es Estambul, su cadencia, la nostalgia que desprende, la belleza subyugante. Para quien se sienta concernido, y a quien pueda interesarle, Estambul es algo parecido a esto:
Tesekkür ederim
March 17 Top 5 de la música negra. Black music power.1-. Buddy Guy - Mary had a little lamb
2-. Otis Redding - I´ve been loving you
3-. Marvin Gaye - What´s Going on
4-. Stevie Wonder - Superstition (En vivo en Sesame Street)
James Brown - Sex Machine & Get on the good foot (aunque este es mejor, pero no puedo incrustarlo por no permitir el embed la persona que lo ha colgado: Sex Machine en la TV Italiana)
March 15 Al Green cantando Jesus is waitingEste señor de arriba es el Reverendo Al Green. Algunos dicen que cuando canta la palabra de Dios sale por su boca, pero lo mas probable es que él mismo sea Dios reencarnado en la garganta de un hombre.
A quien no se le ponga la carne de gallina viendo esto, que no insista.
Gracias, reverendo.
February 04 Pertinente PizarnikHoy, nadie como Alejandra Pizarnik para explicarme; nada como su imagen para entender.
CUARTO SOLO
SIGNOS
MENDIGA VOZ
January 21 Kafka en la Orilla, Haruki Murakami. Metáfora y plenitud.La condensación de mi temperatura se materializa en el vidrio de mi ventana. Todos somos agua, por lo que parece, y fluímos desde el manantial desconocido que nos arroja a la vida hacia el mar tranquilo que nos acoge con parsimonia. Un espacio entre dos vacíos, un vacio en el espacio y la misión de rellenar el hueco con vivencias y momentos dignos de recuerdo. En contadas ocasiones, uno se topa con algo -cualquier cosa, lo que sea- y repentinamente empieza a adquirir conciencia de lo habitualmente irrelevante; el calor humano convertido en agua, las carreras del hijo de los vecinos de arriba o el motor de los coches en la calle; es necesario en ocasiones detener la pesada maquinaria que alimentamos cada día y escuchar con atención. El sonido de los neúmaticos deslizándose sobre el asfalto mojado por la lluvia, por ejemplo. Ese sonido existe y no reparamos en el porque lo consideramos banal. Que pensará el de nosotros... La última novela de Murakami, Kafka en la orilla, transcurre escindida y como historia de objetivos y misiones podría llegar a recordarnos a esta literatura tan en boga ahora de códigos y catedrales. Pero, por suerte, las claves de bóveda en Murakami son interiores, y las catedrales que esconden enigmas siempre son seres humanos deslíados, en aparente deconstrucción, rehaciéndose mientras parecen disolverse. En Kafka en la orilla, la huida es busqueda y la busqueda encuentro, y en todo esto proceso sistemático la metáfora se convierte en antídoto. Kafka Tamura es un adolescente que huye, un ser abandonado que abriga un rencor larvado y que necesita respuestas. Nakata es un viejo sonado que atesora extrañas habilidades, como hablar con los gatos. Estos le transmiten un cometido de dudosa naturaleza, pero Nakata asume su destino y se embarca en un viaje sin retorno con objeto de cumplir su destino; en él encuentra a Hoshino, un joven leal que ve en Nakata a su abuelo muerto, al que tanto quiso. Kafka, en su huida, llega a un territorio casi irreal en el que existe una biblioteca regentada por la Señora Saeki y el joven Oshima. Nada es casual y los secretos de todos forman una madeja espesa. Hay una montaña y un bosque, un asesinato suplicado, un amor perdido, dos soldados guardianes y un cuadro que es mas que un cuadro (me gustan las historias en las que aparecen cuadros; recuerdo aquel cuento de Sillitoe, El cuadro de la barca de pesca...). Es dificil explicar la novela de Murakami; probablemente sea su mejor novela, lo que seguramente significa que nos encontramos ante una de las mejores novelas de los últimos años. Requiere un talento único hacer creíble un cometido moral y conferirle naturaleza real en la mente del lector, dibujando con precisión el mapa de sentimientos y resoluciones que los personajes trazan y siguen. Comúnes a la obra de Murakami siguen siendo la obstinada creencia de que el futuro espera a los personajes con los brazos abiertos y con una recompensa proporcional al dolor explicado, reconocibles siguen siendo la busqueda de respuestas, la huída, el sexo como bálsamo y el amor como pesadilla, la música como aliada. Un Murakami reconocible y a la vez transcendente; tanto de si mismo como del propio territorio de la novela. Absolutamente recomendable. Necesario, diría. No podemos decir lo mismo de las últimas películas de Clint Eastwood, Iñarritu y Mel Gibson. Recomendables desde luego que si, pero por debajo de lo que se esperaba de ellas y ellos. Parece que va a ser Babel la que acapare la terna de premios este año, y no es una mala elección visto el ramillete de candidatos y el perfil de Iñarritu y Arriaga, dos creadores de raza, pero esperemos que ese sea el año del oscar a Scorsese como mejor director: y no porque Infiltrados sea su mejor película, sino porque sus mejores películas forman parte de las mejores películas de la historia del cine: Uno de los nuestros, Taxi driver, Toro salvaje...Un Oscar para Scorsese ya. Buen domingo y hasta la próxima entrada. December 30 Despropósitos de enmienda para el año venideroVaya final de año que estamos teniendo; entre la ejecución de Sadam, la bomba de esta mañana de ETA, el majestuoso final de James Brown, con claúsula anti-ex post-mortem incluída, el Babel de anoche, las Long Blondes de hace una semana. Si no fuera por esa play2 que me ha traido Papá Noel que me tiene sorbido el seso, de muchas de estas cosas habría hablado ya aquí, pero la play2 es un ladrón consumado de horas, y no es facil resistirse al placer de apalizar o ser apalizado virtualmente.
Ante la imposibilidad de seguir un orden y abarcar la totalidad -no soy Iñarritu-, me centro en Babel, su película, devorada anoche al lado de un Javier Bardem paquidérmico (por sus dimensiones y su craneo, no por su trompa, cuya longitud desconocemos). No voy a ser yo el que niegue que estamos ante una de las películas del año, junto a United 93 y Caché; el director mexicano continúa su cruzada explicativa del mundo en este fresco de historias que se cruzan con un fusil de por medio (otro Winchester, como el 73 de Anthony Mann). Y aquello que para Mann era lineal y progresivo en las manos de Iñarritu se convierte en un puzzle de bordes afilados, una ambiciosa deconstrucción del hoy en su totalidad en la que la casualidad y la causalidad van de la mano y el destino de los seres humanos cabalga sobre la incomunicación y la esperanza inherente a ella (todo lo que es incapaz de comunicarse es susceptible de conseguirlo algún día).
Menos sorprendente que Cuarón en su última y extraordinaria película "Hijos de los hombres", Iñarritu escenifica un universo abrupto y desconsolador, con escaso margen para el alivio, sin healing games vanmorrisonianos: el matrimonio yanki que se desintegra, la adolescente nipona carne de hentai, la nanny mexicana castigada por nadie sabe qué y los niños marroquíes (en ni opinión el tramo de historia mas logrado) desencadenando la tragedia. A este retablo viviente de indudable calidad me he empeñado en ponerle pegas -demasiadas alabanzas a mi alrededor-, y una de ellas, entreleída en comentarios de blogs de cine y por lo tanto compartida, es que la historia nipona resulta tópica y alejada del "core" de la narración; sólo el regalo del fusil por parte del padre japones al guía marroquí une a esta historia por otro lado brillante de un tronco argumental a mi gusto demasiado diferente. Y si en su descargo es justo admitir que el contraste entre el skyline nocturno de Tokio y los desiertos de Marruecos y México es demasiado intenso como para no tomarlo como intencionado, lo cierto es que las sensaciones que transmite la historia de la adolescente japonesa me resultan demasiado diferentes a las que transmiten el resto de personajes. Ese tokio nocturno ya lo vimos en Lost in Translation, esos planos de la discoteca ya los hizo Amenabar en Abre los ojos, y el contraste entre silencio y estruendo se agota relativamente pronto.
Resumiendo, tijera y película de 90 minutos mejicanomarroquí. Mi aportación a este babel que está generando Babel.
Cambiando de tercio, lo de James Brown ha sido triste y a la vez glorioso. Triste por la perdida y porque ya no lo veré en directo y glorioso porque esa capilla ardiente me parece un epílogo genial a una trayectoria colosal. Se ha ido uno de los mas grandes y lo ha hecho por la puerta grande, con el neón del apolo erigiéndose como un gigantesco falo que apunta al corazón del paraíso. Buen viaje, maestro.
De lo de ETA y Sadam ya oiremos hablar en los próximos días. Y para el 2007 mis mejores deseos y deseas para todos y todas, que dirían en el PSOE.
Como colofón y presente navideño, comparto una foto de la maravillosa Kate Jackson para deleite de ellos.
December 28 James Brown at the apollo, como no podía ser de otra manera.Brillante colofón a una vida apoteósica. El rey del funk por fín descansa October 29 Los que se han idoDecía Don Orson (no el jaco de la ininteligible y por momentos también equina pazvega, insigne candidato a Porfirio Rubirosa del nuevo milenio, sino el director-agitador), que para un director de cine, una cámara es como un ojo en el corazón del poeta. Es una buena frase -Welles leía mucho a Shakespeare-, pero en el caso que nos ocupa mas bién podríamos compararla con una parabellum en manos de un asesino en serie. No voy a negarle la lírica a Martin Scorsese, pero la suya es una lírica noqueante, certera y demoledora. Con The Departed (último premio para el mago que ha decidido renombrarla como "Infiltrados"), Martin nos regala y se regala la mejor de sus oficinas, allí donde mejor trabaja: la mafia a pie de calle. En esta terna casi medieval, dos agentes de policía, impulsados por muy diferentes motivaciones, se adentran en una espiral sin salida en la que no hay espacio alguno para la compasión.
Comentaba Scorsese que para está película se ha inspirado en el cine negro de los 40 y en "El Tercer hombre" de Carol Reed, y mas allá del homenaje explícito, el director, cambiando su Nueva York del alma por un Boston-cloaca despiadado donde las ratas corretean por las barandillas de los lofts a plena luz del día, enfrenta a dos antiheroes con el peor de los destinos marcado en su frente: el oficial presuntamente honesto, ambicioso y eficiente -Damon-, corrompido hasta la médula, y el vulnerable, angustiado y amenazado(r) Leonardo Di Caprio -cada día mejor actor-, los dos emboscados en territorio hostil, los dos persiguiéndose y precipitándose a un final despiadado marca de la casa donde no hay espacio para la redención. Scorsese no es Schroder y gracias a ello no le tiembla el pulso para terminar la historia del modo mas abrupto y desolador. Este es un tecnowestern donde las pistolas siguen siendo pistolas y las señales de humo se han convertido en mensajes de móvil, donde las coberturas cobran un papel determinante y la "Patriot Act" encuentra justificación -excelente el reparto, con ese Alec Baldwin siempre amenazante (Kim, lógico que te largaras), un Martin Sheen degradado -de presidente a inspector jefe- y un Mark Wahlberg necesariamente duro y definitivo deus ex machina de esta sombría función.
Mención aparte merece Jack Nicholson; histriónico y desatado, demasiado a mi gusto, firmante de los momentos mas delirantes y extraños de la película -la conversación con Di Caprio en el restaurante, la secuencia en el cine porno, a la "altura" del peor Aranda o Bigas Luna-, pero sin peso para demoler un conjunto fascinante, con momentos del mejor cine de Scorsese, un punto por debajo de Goodfellas y Casino pero con galones del mejor de los cines corriéndole por las venas.
En esta extraña mañana de este extraño primer domingo de hora cambiada, Cat Power se desgañita en mi casa y me asalta -de desgarro en desgarro- el recuerdo de la Isa y el Rufo de "15 días contigo", la joya en forma de opera prima de Jesús Ponce que ayer rescaté en DVD. Cada día tengo mas claro que las cosas mas pequeñas acaban conviertiéndose en las mas grandes (y viceversa) y esta pequeña gran película guarda algunos de los mejores momentos del cine español de los últimos años.
Quizá es precisamente por eso, Isabelita, porque no somos como los demás...
October 20 Paul Auster - Discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias de las LetrasNo sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa. Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más? En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil. La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos. Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas. De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento. Nunca he querido trabajar en otra cosa.
P.D-. Atención a las gafas que luce el maestro. Eso es bohemia y lo demás zarandajas. August 25 United 93: Ticket to hellAntes de comenzar y como prólogo, recupero el concepto de horror del coronel Kurtz en Apocalypse Now: "I've seen the horror. Horrors that you've seen. But you have no right to call me a murderer. You have no right to call me a murderer. You have a right to kill me. You have a right to do that, but you have no right to judge me . It's impossible for words to describe what is necessary to those who do not know what horror means. Horror. Horror has a face, and you must make a friend of horror. Horror and mortal terror are your friends. If they are not, then they are enemies to be feared. They are truly enemies." "He visto el horror. Horrores que tu has visto. Pero no tienes derecho a llamarme asesino. No tienes derecho a ello. Tienes derecho a matarme. A matarme, pero no a juzgarme. No hay palabras que describan lo que precisan aquellos que desconocen el significado del horror. El horror tiene rostro, y debes hacer del horror tu amigo. El horror y el terror mortal son tus amigos. Si no lo son, entonces pasan a ser enemigos temibles; verdaderos enemigos..."
El horror tiene rostro, según Brando-Kurtz. Los pasajeros del vuelo 93 de la United tuvieron que enfrentarse a el durante noventa interminables minutos y Paul Greengrass se ha valido de ello para firmar un largometraje imprescindible, el primero de los que vendrán, el inicio de una saga que explora el hecho fundamental de nuestro tiempo, el resorte que provocó que todo cambiara y que la humanidad enterrara su inocencia bajo el pánico de saberse vulnerable. Greengrass, que ya había demostrado su pulso narrativo en la segunda entrega de la saga de Bourne, disecciona con voluntad documental el secuestro del vuelo United 93, recreando cronológicamente la sucesión de hechos que terminaron con el vuelo de la United diseminado a lo largo del condado de Shanksville. Partiendo de esa premisa-necesidad, Greengrass entrega el testigo de la narración a gran parte de los verdaderos protagonistas del 11-S, alcanzando en esta valiente decisión conciencia de que abordaba algo mucho mas grande que una simple película. Porque a mi entender, Greengrass ha fotografiado un momento trascendental en la historia de la humanidad, y habiendo tomando conciencia de ello, ha querido que las generaciones futuras reciban la enseñanza de las personas que vivieron aquellas horas en primera persona.
Superado el juicio moral, la película sortea el previsible e inmediato maniqueísmo y se adentra con asombrosa valentía en la explicación pormenorizada de lo ocurrido; no hay espacio para la condena ni el olvido, unos y otros actúan según sus motivaciones, persiguen con ahinco sus fines y terminan devorados por el funesto destino marcado por la voluntad de algunos de cambiar las cosas de una determinada manera.
Entrar aquí a valorar el islam y sus diferentes manifestaciones e interpretaciones se presenta como un esfuerzo baldío; si la película, definitiva en la consecución de sus objetivos, no lo hace, no caeré yo en la trampa. Es evidente que la dialéctica entre el integrismo islámico y las democracias occidentales está condicionando nuestras vidas de un modo complejo y absoluto, pero para esto dejemos que sean los Huntington y los Fukuyama de turno los que saquen las pertinentes conclusiones al respecto. Para nosotros, después de asistir como testigos al martirio integrista y al asesinato de tantos inocentes, sólo nos queda temblar de puro espanto ante el hecho presenciado, sentir como aún sabiendo el destino de los seres que habitan dentro de la película -seres que trascendieron la consideración de personajes-, sufrimos por ellos y nos revolvemos en la butaca con cada una de sus acciones. Es aquí cuando el horror deviene en milagro, y el relato transforma la angustia en un silencio reflexivo. Queremos creer que algo así no va a volver a ocurrír, aunque sepamos que no es así, queremos concederles a los pasajeros del vuelo la posibilidad de que no estén allí, de que se salven de aquel infierno, pero no podemos hacer nada por ellos. Admiramos su valor en aquella frontera de sus vidas, y lloramos con ellos al escucharles despedirse de sus seres queridos (imposible olvidar las llamadas reales de la gente que quedó en las torres y de los pasajeros de los aviones)
La película es humana, real y vigente -esta semana unos británicos boicotearon a cuatro musulmanes en un vuelo entre Málaga y el Reino Unido-, araña nuestra conciencia y duele como un nervio inflamado. A muchos les escandalizará y probablemente su trayectoria comercial será corta, pero no me cabe duda de que el tiempo pondrá a esta obra maestra en su sitio, y se alzará como voz y relato de un tiempo que por desgracia nos está tocando vivir.
A veces, el cine es, mas que un entretenimiento, una necesidad.
August 15 Yasunari Kawabata a la captura del tiempoA lomos de la polémica creada por la confesión de Gunther Grass y las peticiones de devolución de su Nobel, otro laureado asoma tras la maleza del tiempo libre que conceden las vacaciones, Yasunari Kawabata. Nacido en el último año del sigo XIX, Kawabata intepreta con asombrosa precisión el modelo de representación oriental, aunque bajo una aparente economía expresiva -superficial como las finas películas de sudor que acompañan a sus personajes-, laten en sus personajes e historias incendiarias pasiones que traspasan el tiempo hasta acabar sometiendolo. Lo bello y lo triste, la novela que acabo de leer, narra la historia de Oki Toshio, un escritor que siente la necesidad de volver a visitar a un antiguo amor, Otoko. Esa necesidad despierta sentimientos en ambos que acabarán afectando trágica y decisivamente a las personas que rodean a Oki y Otoko. No hay pasaje en esta pequeña gran obra que deje indeferente, especialmente determinadas descripciones del amor y el tiempo: "El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos tramos y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos, pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo."
Flotar en el tiempo, cada uno de un modo diferente. Kawabata captura en unas pocas lineas un concepto universal, y lo prende a un estado de ánimo que se repite continuamente, como un Haiku sostenido, breve e inmutable.
"Al aproximarse a los cuarenta, Otoko se preguntaba si el hecho de que Oki siguiera dentro de ella significaba que esa corriente del tiempo se había estancado, en lugar de seguir su curso. ¿O acaso la imágen que ella conservaba de él habia flotado con ella a través del tiempo como una flor arrastrada río abajo? Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de Oki. No podía haberla olvidado, pero sin duda el tiempo había corrido de manera diferente para él. Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, ni siquiera tratándose de amantes..."
Así describe Kawabata el tiempo que a todos nos corre dentro, a cada uno con su propio ritmo.
A medida que la historia se enmadeja, el personaje de Keiko, la alumna de Otoko, cobra importancia. Quien haya leído a Murakami, el heredero de esta tradición literaria, descubrirá en Keiko a muchos de los personajes femeninos de sus novelas, mujeres hermosas, jovenes, obsesionadas y violentas que arrastran a otros a territorios peligrosos. Keiko conspira para vengar a la persona que ama, y conspirando destruye el precario equilibrio que sostenía todo. No hay manera de salvarse, y Kawabata lo certifica de un modo abrupto, entre lágrimas y un dolor que queda incorporado al tiempo que fluye dentro de cada uno de nosotros.
No sorprende que Kawabata, siguiendo una tradición milenaria, se quitara la vida en silencio, sin ruido ni explicaciones banales. Como Alfonsina Storni o Silvia Plath, como Hemingway; cada uno asistido por sus propias razones -el cancer, el desamor, la impotencia-. Lo que si sorprende aun hoy en día es el modo en que el sentimiento es uno, no importa el lugar o el tiempo en el que acontezca. Pasarán mil años y a las personas de entonces les seguirá quemando la vida como a nosotros nos quema en ocasiones. Y aunque para cuando eso suceda nosotros no seremos mas que sombras, todos viajaremos sobre ese sentimiento compartido.
Mas allá de estas elucubraciones vacacionales, el tiempo libre le concede a uno licencia para abandonarse a los mas bajos placeres: el domingo me zampé un pase doble de pelis de Tourneur -La mujer pantera y Yo anduve con un zombie-, y ayer descubrí otra obra maestra del gran Jules Dassin, "Noche en la ciudad", brutal y despiadada. Un gran director Dassin.
El fin de semana, escapada a Burgos y La Rioja, monasterios, catedrales y espero que buena comida. A grandes males, grandes remedios.
P.D-. Incluyo este breve cuento de Kawabata, que a mi modo de ver encierra no sólo su manera de contar, sino también un modo de entender la vida, el oriental. Se llama "Canarios" y lo he sacado de este blog (http://www.blogcharm.com/chuanfen/22899/). Espero que mi traducción sea lo mas correcta posible:
"Sorry I have to break our agreement to write to you. I can no longer take care of the canaries you gave me. I remember you bought them from different shops and kept them in a cage symbolizing you and me, and also a reminder, a souvenir. But they are dying now, because the person who feeds them, my wife, has passed away. I thought of the possibility to release them or sell them back to the store, but the former will kill them and the latter is a defection to your gift. The fact is, the canaries live till today as my memory of you is due to my wife's effort, that explains why I fell in love with you, madam-- My wife took the responsibility of daily life so I didn't need to pay attention to the difficulties and had the luxury to love. So madam, may I kill the canaries and bury them with my wife?"
Siento tener que romper nuestro acuerdo de escribirla. No puedo seguir cuidando de los canarios que me entregó. Recuerdo que los compró en diferentes tiendas y los puso en una jaula como un símbolo de usted y mío, también como un recuerdo, un presente. Pero ellos están muriéndose porque la persona que los alimentaba, mi mujer, ha fallecido. He pensado en la posibilidad de soltarlos o devolverlos a la tienda, pero el dueño los matará, y lo último es un desprecio a su regalo. El hecho es que los canarios viven hoy como recuerdo mío de usted gracias al esfuerzo de mi esposa, lo que explica por qué me enamoré de usted, señora. Mi mujer tomó las riendas del día a día así que no necesité prestarle atención a los problemas y me pude permitir el lujo de amar. Asi que, señora, ¿puedo matar a los canarios y quemarlos con mi esposa? July 29 Persona de Ingmar Bergman: radicalidadNo se a vosotros, pero a mí el tiempo me hace valorar cada vez mas aquello que se sale del cauce de lo habitual; dentro de este gran río contaminado por el que bajamos todos directos al mar del olvido hay singularidades que consiguen nadar hasta la orilla y elevar su voz irrepetible por encima del rumor de la corriente. No ocurre a menudo porque el río baja fuerte y somos demasiados los que nadamos, pero a veces, como los salmones pero sin ser tan obtusos y obstinados, algunos consiguen "salvarse". Esta reflexión cogida con alfileres viene a cuento de que el pasado fin de semana, el sábado por la noche concretamente, vi Persona de Ingmar Bergman. Si ejercito la memoria recuerdo a mi padre revelándome en clave de confidencia que Bergman era un soba, y la verdad es que con 15 años visionar una película de Bergman es una experiencia insufrible por densa y por lo tanto carente de interés -esto podría demostrar que mi padre nunca abandonó su adolescencia, pero eso es otra historia-. Recuerdo que Fresas Salvajes y El Séptimo Sello me gustaron, pero si mi padre, que me llevó con diez años a ver los dos padrinos en programa doble, decía aquello, aquello debía ser verdad. Años después llegó un ciclo de la filmoteca y un pase a media tarde de Gritos y susurros, y aún resuenan dentro de mi cabeza los gritos de dolor de la mujer agonizante. Posteriormente alguien me dijo que aquello era una historia de lesbianas, y con ello me quitaron la idea de hacerle una capilla al sueco en mi dormitorio, pero en mi fuero interno sabía que algo ocurría y que Bergman no era un soba. Y he aquí que el sábado pasado veo Persona, y de pronto, ya sin consejeros, descubro que el sueco es una verdadera maquina de crear -y aquí me descubro ante Fernandito Consuegra, mi compañero de facultad que decía que Bergman era dios, y del que tanto nos reíamos por aquello, ya que sólo reconocíamos como dioses supremos a Spielberg y Billy Wilder (lo siguen siendo)-. Antes de nada, avisar al personal que Persona es una película difícil de ver, no tanto en su fondo como en la forma y el lenguaje que Bergman utiliza. Previamente uno ha de derribar ciertos muros como espectador, y una vez que se han vencido esas inercias sólo queda lanzarse de pleno a la historia de la actriz y la enfermera que Bergman pone en escena. Viendo Persona, resultan hasta cómicos ciertos clichés culturetas de hoy, como ese de que "Almodovar es un gran director de mujeres"...Bergman si lo es. Tanto Liv Ullman como Bibi Andersson, bellísimas y casi etéreas por mor de la fotografía del mago Nykvist, escenifican un dueto turbador y enigmático en el que la fascinación inicial de la joven enfermera por la espléndida actriz, un personaje en la cumbre de su talento que sencillamente enmudece, se transforma en una necesidad compartida, en un juego de deseo, dolor y frustración en el que uno asiste perplejo al modo en que Bergman explicita el universo que dos personas crean entre si. Ya el arranque, con el personaje de Liv Ullman enmudeciendo de puro horror vacui, prende en la conciencia del testigo; bastaría con que pensáramos por un momento en ello para que tomáramos la misma decisión que ella. Mas allá de la historia y del modo arrebatador en que Bergman otorga indistintamente la voz y la identidad a una u otra en función de la necesidad de la historia -increíble como Liv Ullman se dirige a su marido bajo la forma de Bibi Andersson- , Bergman utiliza el medio cinematográfico para inyectar distancia entre los personajes y el que contempla; honestamente pienso que la película sería igual de buena sin esos desenfoques ni ese falso quemado de celuloide, pero me maravillo del creador que se atreve a tanto, que intenta transformar el medio para conferir nuevos significados, para transformar lo que cuenta dentro de la persona a quien está contando. Rebajando el discurso, honestamente me gustaría pasar las noches de sábado de otra manera -esto vuelve a ser otra historia-, pero el 22 de Julio de 2006 ví por primera vez Persona, y como persona que ama el cine, confieso el impacto. Avisados estáis. P.D-. Parece que Microsoft está canalizando todos sus esfuerzos en tener preparado el Windows Vista antes del Siglo XXII, porque últimamente este espacio y su administrador funcionan rematadamente mal. Este Agosto dedicaré un par de días de mis vacaciones a preparar mi portfolio y migrar este blog allí. Que la fuerza de Wordpress este siempre contigo, Luke. P.D II-. Bibi Andersson no es nuestro transexual patrio. Aclarado queda. P.D III-. Atención al pedazo de disco que se han marcado los Muse, la mejor banda del planeta en estos momentos. No te mueras nunca, Matt. July 16 Dorothy ParkerDorothy Rotschild, señora de Parker tras su primer matrimonio -hubo dos mas, y los dos con el mismo hombre-, siempre entendió la literatura como un oficio menesteroso para el que ella, tan brillante como inconstante y desordenada, no estaba preparada. Resulta por ello mas digno de admiración si cabe el modo en que su pequeña figura permanece vigente en nuestros días, en como muchas mujeres de todo el mundo -y algunos varones renegados- perciben en la frágil y a la vez demoledora escritora americana un modelo femenino digno de recuerdo. Y es cierto que en un mundo de hombres, por mucho que un ambiente intelectual rebaje tal discriminación genérica, la Parker siempre peleó cada centimetro del espacio que su independencia le otorgó, braceó con energía en un mar de envidias y enemistades fruto de un talento y un temperamento en ocasiones mal comprendidos y sorteó con dificultades el lastre que le colgó al cuello su desmedida afición por el whisky y los hombres guapos y canallas. Suicida en ciernes -dos tentativas fracasadas-, gran amiga de sus amigos -su amistad con Robert Benchley debería figurar en letras doradas en los anales de la historia de los hombres y las mujeres, y ser venerada por negar aquello tan manido de que un hombre y una mujer no pueden ser nunca amigos-, escritora de palabra punzante y verbo afilado, gran conversadora y amante de los animales -jugosa su primera visita a España y su reacción ante la primera (y última) corrida de toros que presenció-, Dottie, como era conocida por sus mas allegados, padeció una existencia atormentada y visceral, llena de carencias y excesos, consciente de que en la batalla que se estaba librando -la de ella con al vida, con su trabajo, consigo misma- se encaminaba a una lacerante derrota, sin que ello significara perder jamás la pulla ingeniosa y malévola ni ceder un palmo de terreno como gran luchadora que era.
Muchas mujeres que hoy aplauden modelos femeninos como el de las insaciables urbanitas cuarentonas de Sexo en Nueva York, se sorprenderían si conocieran el modo en el que la Parker condujo si vida; ella folló mas que todas ellas, sufrió por todas y se codeó con la élite pensante del Nueva York de entreguerras, comprometiéndose políticamente cuando llegaba el caso -aunque sus detractores calificaban su "compromiso" como una pose mas-, persiguiéndo como una perra en celo hombres que la denigraban y devorando a aquellos que pretendían venerarla, escribiendo, que a fin de cuentas es lo que nos ha dejado, una colección de historias de una humanidad aterradora, imágenes de personajes solitarios, inalcanzables, extenuados, incapaces de ser felices. La Editorial De Bolsillo publicó recientemente su narrativa completa, y no concibo mejor manera de pasar los tiempos muertos entre baño y baño en la piscina. Un buen martini, un bañador sensual y un par de separados -si es posible rubios y esbeltos, como le gustaban a Dottie- cerca para flirtear entre cuento y cuento. Y si los cuentos consiguen despertarle el apetito a vuestro intelecto, la biografía de Marion Meade publicada por Circe -el motivo de mi entrada junto al inasequible ánimo de pececilla, mi nueva heroína-, para embarcarse en un viaje doloroso y real, el relato de una mujer con mayúsculas que iluminó su tiempo y cuya estela aún se deja sentir hoy.
Tertuliana de la mesa redonda del Algonquin, nominada al oscar como guionista de Hollywood, mujer incapaz de engendrar por guardar en sus entrañas un jardín de piedras, Dorothy Parker nos recuerda que mujeres así siempre existirán. Confortante idea. Esta entrada es para todas vosotras, que tan dificil nos lo ponéis en ocasiones. Especialmente para tí, prestataria.
July 01 Descubrimientos: Miranda JulyEs agradable que le sorprendan a uno; en el trabajo, en el amor, incluso en el videoclub. Tu y yo y todos los demas (2005), como buena opera prima, presenta alguna laguna de ritmo, pero en su conjunto y en un par de momentos arrebatadores se confirma como una de las películas mas estimulantes de los últimos años. Miranda July, su creadora e intérprete, tan bella como ambiciosa, reflexiona sobre conceptos como la soledad, la incomunicación, la ausencia de amor, la mirada de los niños sobre las confusas vidas de los adultos que les rodean, y compone un conjunto a la vez conmovedor y desolador. Su personaje, la taxista de ancianos Christine, intenta sobrevivir en un mundo que le da la espalda, y se entrega con una sobrecogedora vulnerabilidad al hombre de quien se enamora, un empleado de zapatería separado y padre de dos niños que no es capaz de digerir el rumbo que ha tomado su vida.
La historia de amor es hermosa en su imperfección y en su delicadeza, pero quizá el mayor acierto en este trabajo es el modo en que Miranda July observa al mundo infantil, y como este reacciona e interacciona con lo que le rodea -geniales los copiapegas del hermano pequeño en el chat-. Esta nueva creadora sabe mirar, y tiene la poderosa virtud de hacer que lo irreverente resulte conmovedor, de como lo peor de nosotros mismos no es sino la manifestación de nuestra debilidad, del desamparo con la que en muchas ocasiones nos enfrentamos a una vida que no entendemos y que se empeña en transcurrir contra corriente.
Para el que, movido por este post (de los tres que me leéis, al que le toque), se acerque al videoclub a alquilarla, que procure prestarle atención a la secuencia del baile de los zapatos...posiblemente desde Chaplin nadie había sabido expresar tanto con tan poco.
Un talento a seguir la bella Miranda. Menuda mirada.
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